miércoles 9 de abril de 2008

Vivir entre la basura

Hace algunos años tuve la oportunidad de viajar a Filipinas. Me pareció un país tremendamente simpático; ésa fue la palabra con que la describió el entonces coordinador de la AECI en aquel país en una conversación que pudimos mantener con él, y la encontré acertadísima.

Eso sí, la llegada a Manila impresiona porque, como es habitual en casi todas las capitales del sudeste asiático, en ella todo es exagerado: la población (más de diez millones de personas que la convierten en la 11ª ciudad más habitada del mundo, aunque en extensión apenas supera a Madrid), el tráfico (cada vez que teníamos que desplazarnos a cualquier lugar se nos podía ir una hora o más en atascos)… todo es desproporcionado en una ciudad que, en realidad, es la suma de varias municipalidades o distritos que conforman lo que se llama “Metro Manila” o la “Gran Manila”.

Y Manila tiene rostros radicalmente distintos entre sí. El distrito de Makati, por ejemplo, se alza con toda la modernidad y el esplendor que uno puede encontrarse en Manhattan o en la ‘city’ de Londres: grandes rascacielos acristalados donde se ubican las oficinas de casi todas las embajadas y misiones internacionales, así como de las multinacionales más importantes con sede en Filipinas; modernos restaurantes de cocina internacional; interminables centros comerciales...

Gran contraste con el avejentado distrito de Intramuros, semilla de la actual Manila, fundado por nuestros antepasados allá por el siglo XVI. Como su propio nombre indica, es un recinto amurallado en el que, de hecho, pareciera que las murallas han logrado detener el paso del tiempo. Pasear por estas calles es totalmente distinto a hacerlo por Makati. Las amplias avenidas atestadas de tráfico dan paso a estrechas y silenciosas callejuelas, los modernos rascacielos a antiguas iglesias y palacetes con sabor colonial, las prisas de los ejecutivos extranjeros a la calma y reposo de los paseantes... Uno puede pensar que ha cambiado de país, cuando en realidad apenas hay unos kilómetros entre uno y otro distrito.

Claro que si hubo una zona de Manila que me dejó impresionado fue, sin duda, el barrio de chabolas (‘slum’ o ‘shantytown, en inglés) de Payatas, en el distrito de Quezon City. De nuevo, el contraste es tremendo. Por una parte, Quezon City pasa por ser la capital dentro de la capital. En él se sitúan el Parlamento y un buen número de las dependencias gubernamentales filipinas. Presume, además, de ser la municipalidad más rica del país y la única que no tiene deudas bancarias. Y sin embargo, dentro de ese mismo distrito, en apenas unos kilómetros, uno se adentra en uno de los lugares más empobrecidos y miserables que se pueda imaginar.

Y eso que en Manila hay multitud de ‘slums’, pero el de Payatas es particularmente sobrecogedor. Porque Payatas es, esencialmente, un vertedero. Pero no un vertedero cualquiera, sino el principal vertedero de Manila. Allí va a parar la basura que generan más de diez millones de personas: unas 4.500 toneladas diarias. Eso equivale a, literalmente, una inmensa montaña de basura de quince o veinte metros de alto y más de una hectárea de extensión.

Y allí, al abrigo de todos esos desperdicios, vive gente. Mucha gente. Algo así como 50.000 personas. Y viven allí porque, irónicamente, es entre toda esa basura donde encuentran un medio de subsistencia. De allí sacan materiales para sus chabolas. Y allí tienen su fuente de trabajo: todos los días, cientos de personas se sumergen en la basura buscando cualquier cosa que, luego, pueda ser vendida a cambio de unos pesos.

Podrá el lector tratar de imaginar las duras condiciones de vida en un lugar así. Pero lo que, probablemente, más impresiona de aquella zona sea su olor. Un hedor profundo y penetrante, casi asfixiante, del que no se puede escapar porque lo invade todo, que se cuela en las casas, y que prácticamente se pega a la ropa y a la piel. Cuesta imaginar cómo puede un ser humano acostumbrarse a percibirlo a diario…

Este lugar, al que la Manila adinerada y el mundo civilizado daban totalmente la espalda, saltó sin embargo a la primera plana de los periódicos de todo el mundo el 12 de julio de 2000. Ese día, en plena estación lluviosa, la basura cedió ante la fuerza de los aguaceros y se vino abajo. Toneladas de basura sepultaron a cientos de personas. No quiere uno imaginarse el horror de ver aquella montaña abalanzándose como un pestilente tsunami sobre las viviendas de aquella pobre gente…

Pero la vida siguió. Tras la tragedia, el gobierno propuso reubicar a sus habitantes en otra zona, lejos de la basura, en viviendas adecuadas. Pero la gente se negó. Porque lejos de la basura, ¿de qué podrían vivir?

Sin embargo, al final, lo que me llegó más hondo no fue el horror ante las ínfimas condiciones de vida que debían soportar los habitantes de aquella zona, sino la capacidad del ser humano de adaptarse y sobreponerse a lo que sea y, al final, encontrar el sentido y la alegría incluso en las condiciones más adversas. En un entorno como ése uno piensa que sería imposible sonreír, pero ellos sonríen, y mucho. Y cantan. Recuerdo un grupo de chicos y chicas que se empeñaron en enseñarnos uno de los bailes que estaban de moda en Filipinas aquel año, el “Otso Otso”. No logramos atinar con los pasos correctos, pero nuestro intento les hizo carcajearse con una alegría transparente que se elevó mucho más arriba del hedor y de la basura.

Los filipinos me parecieron, en general, gente de sonrisa fácil. Pero, curiosamente, me llevé la sensación de que sonreían de manera mucho más franca y abierta en Payatas que en la boyante y desarrollada Makati.

lunes 24 de marzo de 2008

El rey

Para Fernando.

jueves 13 de marzo de 2008

El Chiki Chiki, a Eurovisión



Con la vorágine de las elecciones del domingo, he dejado de comentar la otra elección del fin de semana, en la que, esta vez sí, hubo un vencedor por abrumadora mayoría absoluta. Me refiero a la gala en la que se escogió a Rodolfo Chikilicuatre (personaje del actor David Fernández, famoso por su papel de El Gilipollas en el programa de Buenafuente) para representar a España en el próximo festival de Eurovisión.

La verdad, la canción no es que valga mucho. Es pegadiza, sí, pero su calidad musical es cuestionable. Sin embargo, yo defiendo totalmente el que Rodolfo Chikilicuatre nos vaya a representar en Eurovisión. Porque nos está diciendo más cosas de nosotros mismos, como país, que los cientos de debates que podemos escuchar en tertulias políticas y radiofónicas. Y es que, siendo que a los españoles nos cuesta tanto ponernos de acuerdo sobre tantas cosas, no nos supone ningún problema mostrar una casi total unanimidad cuando se trata de tomarnos las cosas a guasa y reírnos de nosotros mismos. Y es que no es malo, desdramatizar de vez en cuando.

Y en segundo lugar, creo que hay que destacar muy especialmente la soberbia jugada que ha hecho Buenafuente, consiguiendo por una parte que un canal privado se involucre de lleno en Eurovisión, coto de televisiones públicas europeas, y más aún, que TVE se convierta en la principal plataforma de publicidad para su cadena y su programa. Y todo mediante una inmensa broma, que uno no puede seguir sin una sonrisa. En términos futbolísticos, la ha clavado por toda la escuadra. Para quitarse el sombrero.

La cita será en mayo, en Belgrado. Rodolfo se las tendrá que ver, entre otros rivales, con el pavo Dustin. Ahí es nada.

miércoles 12 de marzo de 2008

Desde la izquierda

Tiene razón Ángel Pérez, portavoz de IU en el ayuntamiento de Madrid, cuando rechaza las excusas. Sí, la ley electoral es un escándalo y es importante para todos, no sólo para IU, que se cambie. Sí, la concentración del voto progresista en el PSOE explica hasta cierto punto los resultados. Pero IU ya era irrelevante antes de que perdiera su grupo parlamentario. Una organización que hace guiños al radicalismo, hasta el punto de pedir la ilegalización de los partidos fascistas y pactar con otro tipo de fascistas en el País Vasco, merece desaparecer. Una organización sin propuestas reales, que sobrevive a la contra y reconvierte una y otra vez discursos y estéticas recalcitrantes, merece desaparecer. Una organización que dedica sus energías a manchar el trabajo de los sindicatos, alimentar el nacionalismo y discutir sobre el sexo de los ángeles, merece desaparecer. Quien no merece que desaparezca, porque necesitamos una fuerza a la izquierda del PSOE, es España.
Jesús Gómez Gutiérrez, en La Insigna.

lunes 10 de marzo de 2008

Gana el bipartidismo

Ya se venía anunciando, a tenor de las encuestas, que tanto PSOE como PP iban a subir en escaños, en perjuicio del resto de las formaciones políticas. Algo esperable, vista la enorme bipolarización en que se ha basado esta campaña electoral. Y así ha sido: el resultado final da a los dos principales partidos un total de 322 escaños. Del resto, todos bajan, con la única salvedad de CiU y del recién estrenado UPD. Malas noticias para el pluralismo y la diversidad.

Obviamente, dentro de las dos opciones que la realidad se ha empeñado en imponer, prefiero como presidente a Zapatero antes que a Rajoy. Pero, sinceramente, me ilusionaba más el Zapatero que en 2004 hubo de pactar con la izquierda que el que ahora tendrá, seguramente, que alcanzar acuerdos con los nacionalismos conservadores de CiU y PNV.

Batacazo de IU.

IU es la gran derrotada de estas elecciones. Las encuestas ya venían vaticinando que podía perder el grupo parlamentario, pero aún así apuntaban a la posibilidad de obtener 4 diputados. Al final sólo se han obtenido 2. Un resultado lamentable que le impide ser una fuerza decisiva capaz de influir en un hipotético gobierno de Zapatero. Tan bajos resultados son achacables, en parte, al ya mencionado bipartidismo, y a lo injusto que siempre ha sido para IU la ley electoral española.

Pero no es suficiente con buscar causas ajenas a IU para explicar su debacle. Lo cierto es que se vienen cometiendo muchos y graves errores. Las discrepancias internas, tan públicas y notorias, son el más claro exponente de ello. No es razonable que, a dos meses de las elecciones, la confección de las candidaturas lleve a una crisis en Valencia, donde en 2004 se había obtenido un diputado, y la candidatura que se iba a presentar termine por esncindirse en dos. Los resultados en Valencia, finalmente, apenas han sido anecdóticos, como era de esperar ante semejante torpeza y falta de criterio.

Peor aún es que, por mucho que se abogue por una concepción federalista del estado, se llegue a plantear discursos contradictorios. Particularmente ridícula fue la actitud de la coalición ante el plan Ibarretxe: en el parlamento vasco, Ezker Batua (IU del país vasco) votó a favor; posteriormente, en las Cortes, los tres diputados de IU votaron en contra, y los dos de IC se abstuvieron. La misma formación votó de las tres maneras posibles. Daba pena ver a Llamazares en la tribuna tratando de explicar semejante estolidez.

Particularmente grave y flagrante, en este sentido, es la contradictoria actitud de EB en su empeño por coquetear con la izquierda abertzale y apoyar en diversos ayuntamientos a ANV. Una situación que debiera revertirse cuanto antes.

Todo esto merece una profunda reflexión, si no se quiere que la alternativa de izquierdas que representa IU pase a la historia más pronto que tarde. Al menos Llamazares tuvo la gallardía de asumir y reconocer su responsabilidad. Bien harían otras figuras del partido en hacer la misma autocrítica y tratar, de forma constructiva, de buscar soluciones a la grave situación. A no ser que se esté dispuesto a que, en las próximas elecciones, IU termine por desaparecer del mapa electoral.

viernes 7 de marzo de 2008

Todos a las urnas

Al final, ETA lo ha conseguido. Ha estampado su cruel rúbrica en la campaña electoral. Ha asesinado a Isaías Carrasco, exconcejal del PSOE, como lo podía haber sido del PP, de IU o del PNV. Su signo político, creo, es lo de menos. ETA ha asesinado a una persona, un marido, un padre, un vecino, un compañero de trabajo, alguien que salía de su casa y se ha topado de bruces con la parca, que ya hace años que no enarbola su siniestra guadaña sino pistolas y bombas.

Al dolor por el asesinato de una persona se suma la indignación porque se le quiera dar un significado político, por el que haya quien pueda aprovechar para arrimar el ascua a su sardina, para hacer proselitismo con una vida inocente que ha sido segada por el terrorismo. Me temo que no tardaremos en verlo.

Pensaba escribir mañana una entrada para subrayar lo importante de ir a votar el domingo. Votar a quien se quiera, a IU, o al PSOE; al PP, o a UPyD; a ERC, o a CiU; nulo o en blanco. Pero ir a votar. Porque no hace tanto que disfrutamos del derecho al voto como para malgastarlo o dilapidarlo.

Ahora creo que hay que ir a votar porque es nuestra principal arma contra los violentos, contra los fascistas, contra los que pretenden imponer sus ideas con las bombas y las pistolas. Para demostrarles que no nos dan miedo, que no podrán con la democracia, que no podrán silenciarnos con su dictadura del terror.

Y hay que votar, también, por aquellos que ya no podrán hacerlo.

El domingo, ¡todos a las urnas!

Programa, programa, programa

Era lo que solía decir Julio Anguita, antiguo coordinador de IU, cuando estaba en campaña electoral. Siempre se remitía a su programa. Como debe ser: uno podía leerlo, decidir si lo que estaba ahí escrito le gustaba o no, y votar en consecuencia. Porque uno sabía a qué atenerse.

Me he acordado de Anguita, y de su sempiterna invocación al programa, leyendo, esta mañana, la entrevista de Zapatero con el director de El País:

Pregunta. Hace cuatro años prometió usted una ley de plazos para el aborto. No lo ha cumplido.

Respuesta. Diría un matiz. Yo no lo prometí nunca. No ha estado en mi boca.

P. Está en su programa. Página 100 del Programa Electoral del PSOE de 2004: "Reformaremos la legislación sobre el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo para adoptar un sistema de plazos".

R. No lo escucharía en mi discurso.

P. No estaría en su discurso de investidura, pero estaba en el programa. ¿No considera que su programa electoral es un compromiso con los ciudadanos?

R. Sí, pero vamos a ver. Hay un matiz importante. Y es el discurso de investidura. El discurso de investidura es ante la soberanía, ante el Parlamento. Y evidentemente, se atiene en lo fundamental al programa electoral. Yo creo que ésta es la legislatura que un partido ha cumplido más su programa electoral.

P. No discuto eso. Pero usted asumió un compromiso.

R. Pues yo no he estimado conveniente cambiar la ley.
Es decir, que para Zapatero, lo que pone en su programa no es un compromiso, sino algo que luego verá si lo estima conveniente o no.

Pues qué bien.

jueves 6 de marzo de 2008

¿Voto útil?


Fuente: IU existe.